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¿Entendí a Cervantes?

Perdón.

No hice lo que debía.

Pero tengo argumentos sólidos.

Teóricos.

Rigurosos.

Dignos de una tesis breve.

¿Sabías que el fracaso doméstico

es una forma de resistencia?

Que la imposibilidad de hacer la cama

refleja, en su esencia,

la lucha del sujeto

contra el aparato?

No lavé la ropa,

pero entendí a Cervantes.

No llamé al banco,

pero tracé un paralelismo exquisito

entre el polvo bajo el sofá

y el polvo de la historia.

Me disculpo.

Con lógica.

Fallar es humano,

pero fallar sabiendo por qué se falla

es un nivel superior de conciencia.

Un escalón más cerca

del absoluto inútil.

Y si todo esto suena ridículo

es porque lo es.

Lo sé.

Soy consciente.

Autocrítico.

Y aun así,

no fregué los platos.

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